Noti-Peñón

La sabiduría de Dios se tiene que elegir deliberadamente.  Nunca llegamos a tenerla por casualidad.  Tenemos que tomar una decisión consciente de buscar y recibir el consejo y la instrucción divina.  "Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos."  (Heb. 2:1).

El Río Misisipi fluye a través de centenares de millas por el corazón de Norteamérica, y corre hacia el final al sur de Louisiana, para derramar su último suspiro en el Golfo de México.  A todo lo largo del río, sus bancos tienen escombros y maderas a la deriva que se vieron atrapados en una enorme corriente y tirados a un lado  a lo largo del serpentino viaje.

A menos que tomemos una decisión definitiva de correr tras la sabiduría, quizás también nos veamos atrapados por las corrientes de nuestra era.  Son las mareas rápidas de los placeres humanos y las atracciones que pueden cautivar a cualquier creyente que no está completamente comprometido con Jesús como Salvador, Señor y Vida.

Sus caminos y pensamientos no son los nuestros (Is. 55:8).  Debemos pensar y actuar contra la corriente del pensamiento del mundo.  Dios dice que hay que dar para recibir; el mundo dice retén todo lo que puedas.  Dios dice que se triunfa sirviendo; la definición del éxito que da el mundo es la superación continua.  Dios dice que debemos amar a nuestros enemigos; el mundo nos aconseja buscar la venganza.

La elección de la sabiduría de Dios comienza con reconocer su valor:  "Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella".  (Prov. 8:11).  La sabiduría de Dios es inapreciable, no tiene par.  Su valor es incalculable.  Todas las riquezas del universo son como la mano de un pordiosero en comparación al valor de la sabiduría de Dios.

Una vez que percibimos el valor de la sabiduría de Dios, aprendemos su aplicación ilimitada.  Toca todas las vidas, impartiendo una perspectiva sobrenatural en todo lo que hacemos y decimos.  Su sabiduría obra dondequiera, en cualquier momento, en cualquier situación.  La cosecha de paz, compromiso y los rangos.

Nuestra tarea es oír y obedecer:  "Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas."  (Prov. 8:34).

Elige la sabiduría de Dios.  No caigas en las trampas del mundo.  Atrévete a confiar en la instrucción de Cristo, cultivando diligentemente y apropiándose del consejo de Dios.

Atiende a lo que dice el Padre.  Estímale sobre todo, y tu vida producirá el fruto inconfundible e inapreciable de la sabiduría divina. 

"Señor, vivir contra la corriente del mundo es difícil.  Quiero tu sabiduría, pero a veces parece que estoy enredado en demasiadas corrientes de esta cultura.  Decido hoy buscar y seguir tus caminos.  Hago esta decisión rogándote que me impartas tu sabiduría y me enseñes tus caminos.  Elijo escucharte diariamente para disfrutar los beneficios de la sabiduría divina."

Tomado del libro: Un toque de su Sabiduría, Charles Stanley